Bajó la intensidad del vendaval hacia afuera. Pero difícilmente logre llevar calma puertas adentro. Las chicanas entre el senador Mansilla y el ministro Jiménez no surgieron a causa de un mal día de alguno de los dos. Todo lo contrario, comenzaron hace cuatro años, cuando "Pirincho" puso en marcha el acople y buscó hacer pie en el oeste, la sección que Mansilla alambró. Y se agravaron cuando a fines del año pasado el ministro salió de pesca al este, el territorio que su par Osvaldo Jaldo cuida con tanto detalle como a su bigote.

Que Jiménez haya salido a cuestionar el clientelismo político no es casual. Jaldo y Mansilla son los responsables de la caja electoral en el interior. Lo que buscó el ministro es enviar un mensaje: que no todos en el alperovichismo disponen de las mismas herramientas y de los mismos recursos para hacer política.

Y se sabe que el que no llora, no mama. Menos aún en política.